Y así como La Razón tiende a servir de escaparate exaltador
al Partido Popular, también desempeña el papel de altavoz de los miembros del
mismo como si de un canal de autodefensa oral y demostración de total inocencia
se tratara.
Así, las declaraciones de Aznar a Antena 3 del pasado 21 de
mayo se dejan ver con orgullo: “Rotundamente
no, no cobré sobresueldos siendo presidente”, “los únicos sobres que he
conocido son los que entraban de los fondos reservados en el Palacio de la
Moncloa hasta que yo llegué al Gobierno, y que suponían una cantidad de 300.000
pesetas”… Por no hablar de sus críticas al diario de Prisa El País: “Primero
publica una noticia de que yo ideé un sistema para defraudar a Hacienda, lo
cual es mentira. Luego dice que no, pero que era un sistema para pagar menos, y
es mentira. Luego que se vulneró la ley de compatibilidades, mentira. Ahora que
se hicieron regalos de una trama delictiva, mentira” o el sonado asunto de la
iluminación en la boda de su hija: “Preguntado por el director de LA RAZÓN,
Francisco Marhuenda, sobre las noticias acerca del regalo de la trama Gürtel a
su hija, el expresidente ha justificado el pago de la iluminación en la boda de
su hija con Alejandro Agag y, en este sentido, ha recalcado que parece
"bastante normal" que los invitados hagan regalos a los contrayentes”.
Yo no fui, yo no hice, yo no sabía, la culpa es de otro, la cosa no fue así… y
me libro del marrón.
Después de esto, ayer,
jueves 23 de mayo, La Razón presentaba en su portada impresa el titular: “Rajoy
mantiene el rumbo” (sí, si hablamos del mal rumbo al que nos tiene
acostumbrados). Tras él se encontraban las palabras del presidente en relación a
las de Aznar: “Resta relevancia a la entrevista y no cambiará su política económica
porque «sería engañar a los españoles»”. Claro, le “preocupa” mentirnos ahora
que está en Moncloa, pero en plena campaña electoral, por supuesto, eso es algo
secundario…
Siempre la misma frasecilla de político engañabobos que hace
que cualquier publicación parezca más bien producto de la labor de un fiel
escribano, cuyo único cometido es el de ceñirse a repetir en el papel como un
loro lo que le dicte su señor; una mera herramienta de discurso, repetitiva y
cargante, en la que el juicio o el sentido común no tienen cabida (ni la
tendrán jamás).
“No haré ningún comentario contra un ex presidente y menos
contra Aznar” añadía Rajoy. Qué correcto, que considerado… que fachada tan bien
montada.

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