La famosa expresión "low cost" está consiguiendo
gran fama en todos lo sectores. Ahora, ni más ni menos, se ha introducido de
lleno en la educación con la nueva reforma LOMCE.
Algunos como el periódico La Razón, están de acuerdo en
implantar este nuevo sistema y se apoyan en las estadísticas entre la educación
española y los países vecinos. Ésta se encuentra por debajo de casi todos los
países de la UE de los 27; solamente Portugal (35,4%) y Malta (39%) están peor
situados. Alemania tiene un 11,8% de fracaso, Francia un 11,8%, Reino Unido un
17% e Irlanda un 11,3%. Además, un país como Italia que tiene grandes
afinidades sociales con España sólo tiene el 19,7% de fracaso entre los
jóvenes.
Y no solo de estadísticas se apoya sino que llega a más,
jugando sucio, a mi parecer, en una de las redes sociales en la que se
encuentran a diario millones de faltas de ortografía.
Twitter, esa red social en la que puedes expresar tu opinión
de la forma que quieras, adaptando el lenguaje según la situación en la que te
encuentres o según al público al que te vayas a dirigir. En mi opinión y como ya
he dicho esta red no es la mejor forma de ejemplificar el fracaso de la
educación, centrándonos en el lenguaje, ya que es una red que solo admite 140
caracteres, usada más frecuentemente desde móviles que pueden provocar el
despiste en algunas palabras u expresiones por la rapidez o por el tamaño de las fuentes.
Ahora bien, es cierto que “los tuits son un ejemplo visible
de lo que luego denuncian los informes internacionales en materia educativa,
que es el bajo nivel de rendimiento de los jóvenes españoles, lo que nos sitúa
a la cola de Europa”. Pero estos recortes y cambios afectan de lleno a la
población por ejemplo al sector universitario donde se han elevado las tasas,
reducido las becas y aumentado los requisitos para llegar a ellas. Los recortes,
en este ámbito, afectan a la calidad educativa de la universidad pública.
La LOMCE conlleva sus pros y sus contras, pero algo que cada
vez me deja más claro es y como cita el periódico El País, “la LOMCE es la
versión española de lo que los mercados y los poderes financieros pretenden de
la educación: convertirla en un producto de consumo a merced de la capacidad
adquisitiva de las familias (y por tanto, una tarta apetitosa para quienes
buscan un nuevo nicho de mercado), y una mera fábrica de futuros trabajadores”.
En definitiva, también es el pulso ganado por los obispos que han conseguido que la
asignatura de religión entre en la nota media de bachillerato.
Andrea Pérez Catalán
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